Siempre nos quedará... escribir, París era demasiado caro.
sábado, 14 de agosto de 2010
Sorpresa en la playa
Tumbada en la playa sobre mi toalla dejo que el Sol caliente mi piel. Suejeto un libro con mi mano derecha, al pasar la página el estridente ruido de los granos de arena rayando el papel me da dentera. Leo pero por más que leo no avanzo en mi lectura porque no presto atención a las palabras, mi cabeza está muy lejos de esas insípidas líneas. Me quedo mirando la arena en algún punto impreciso; ojala estuvieses aquí, junto a mí. Entonces suena mi móvil, un mensaje. Salgo de mi estado de evasión, dejo caer el libro encima de la toalla y empiezo a buscar en mi bolsa lo más deprisa que puedo, por si eres tú. Pero cuando miro la pantalla veo que es uno de esos mensajes de propaganda. Me quedo mirando el móvil pensando en lo idiota que soy por creer que me enviarías un sms. Tiro el móvil dentro de la bolsa, me pongo mi camiseta y comienzo a recoger mis cosas, ya no me apetece estar en la playa. De repente noto como alguien me tapa los ojos. Toco las manos húmedas que me cubren la cara y trato de averiguar mediante el tacto a quien pertenecen, pero no las logro identificar. Su olor me es muy familiar, dulzón con un toque de coco. No puede ser, toco la muñeca derecha en busca de esa pulsera ancha que siempre llevas puesta, pero no la noto. Entonces te ries porque sabías que si pensaba que eras tú iría a buscar esa pulsera. Tu risa es inconfundible. Aparto tus manos de mis ojos y te miro. No tengo ni idea de que haces ahí pero me alegro de que estés. Te pones en pie, me pongo a tu altura y te abrazo, Me miras a los ojos, cojes mi cara entre tus manos y me besas. Nunca la sal del mar me había sabido tan deliciosa.
lunes, 2 de agosto de 2010
Último adiós
Sentadas en un banco del parque, en el de siempre. Una frente a la otra. Vemos como el Sol se va ocultando en el horizonte, como todos los días. Las farolas se encienden y en pocos minutos el manto moteado de la noche cubre el cielo sobre nosotras. Te miro a los ojos, se me había olvidado lo bonitos que son. Juegas con mi mano, que está apoyada en el respaldo del banco. Me colocas las pulseras. Mueves tu pie derecho de adelante hacia atrás, jugando con la arena, inconscientemente. Me cuentas que tal te ha ido el viaje. Hablas sin cesar, me cuesta concentrarme en lo que dices. De imprevisto te beso. Pero tus labios se separan de los míos y me apartas con tu mano derecha. No comprendo que sucede. Me miras, una lagrima se desborda de tus ojos. Te pones de pie. Apoyas tu mano en mi cara y con tu pulgar rozas mis labios. - Lo siento, no te mereces esto... - Ahora son mis ojos los que brillan, Se estaba formando un nudo en mi garganta; un nudo de dolor, de impotencia, de rabia y de llanto. La angustia me asfixia el corazón, se lo que viene acontinuación. - No quiero hacerte más daño... Espero que algún día puedas perdonarme... Adiós - Te das la vuelta, veo como te alejas y como tu figura desaparece en medio de la oscuridad.
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