Siempre nos quedará... escribir, París era demasiado caro.

martes, 12 de julio de 2016

Intimidar

       Caminábamos lentamente, despacio, aminorando el ritmo a medida que avanzábamos hacia su casa, siendo conscientes del preludio de la despedida que marcaba el entrar a su calle. Nos paramos delante de la puerta de su casa y me apoyé en un viejo y sucio coche de color oscuro. La noche caía sobre Madrid y nuestras sombras se hacían más profundas en la oscuridad. Su calle, parcialmente iluminada por el alumbrado público marcaba nuestras facciones y nuestros gestos, acentuaba nuestras muecas y delataba nuestras sonrisas cómplices y víctimas de algo que a simple vista parecía imposible, pero al mismo tiempo incuestionable. Me miró, tentándome, retándome a un "a qué no eres capaz". Con paso lento y decidido caminé hacia ella hasta quedarnos a escasos centímetros la una de la otra. Sin que se diera cuenta, la hice caminar hacia atrás hasta hacer que su espalda chocara contra la pared. Notaba su respiración profunda y lenta, segura, sabiéndose aún así dueña de la situación.