Siempre nos quedará... escribir, París era demasiado caro.

viernes, 26 de noviembre de 2010

Tu decisión

Tumbada en la cama, mirando al techo trato de no pensar en nada pero por más que lo intento es inevitable recordarte, mis sábanas huelen a ti. Mis ojos vidriosos escrutan la oscuridad que inunda mi habitación. Cojo el móvil para mirar la hora y en cuanto la pantalla se ilumina una lágrima se desborda de mis ojos. 03:35 y de fondo la foto que te hice a regañadientes el día de tu cumpleaños.
Cierro los ojos y aprieto los dientes. Mi respiración se entrecorta y finalmente cientos de lágrimas brotan de mis ojos y se precipitan sobre la almohada, que al igual que yo, sufre tu ausencia. Con la mano izquierda me tapo la boca, no quiero hacer ruido. No me apetece dar explicaciones de porque no se escuchan los latidos de mi corazón.
Menú, documentos, imágenes, mi niña, opciones, eliminar, ¿desea eliminar la imagen seleccionada? Mi pulgar pasa sobre el sí pero en realidad soy incapaz de borrarla, es lo único que me queda.
Esta tarde, justo cuando hacíamos seis meses, en el lugar donde te besé por primera vez has puesto punto y final, sin retorno, a nuestra historia.

domingo, 14 de noviembre de 2010

Sin pasar página

Camino por la calle y todo me recuerda a ti. Empezando por el cielo, que está gris y anuncia tormenta y terminando por las baldosas que están bajo mis pies; de ir contigo me convencerías para ir sorteando las líneas que las unen.
Hace frío, me he olvidado el gorro en casa y mis guantes azules, que abrigan tanto, me los dejé en tu habitación la última tarde que quedamos.
Inmersa en mis pensamientos y escuchando alguna de esas canciones que me enseñaste cuando empezamos a salir, camino por Gran Vía. Se nota que es Navidad, la calle está abarrotada, apenas se puede caminar. Las luces propias de estas fechas iluminan de un modo exagerado, casi grotesco, la calle, aumentando la sensación de agobio. La gente, con prisas, pasa a mi alrededor golpeándome con alguna de las múltiples bolsas que llevan en las manos. Por fin llego a la Plaza de Callao, me dispongo a girar en dirección a la Fnac cuando en la boca de metro te veo. Llevas puesta la bufanda que te regalé el año pasado. Miras el reloj, debes estar esperando a alguien algo impuntual. Yo nunca te hice esperar. Inconscientemente aminoro el paso. Mientras camino por delante de la puerta del Starbucks llega tu cita. Siempre supe que nunca habías sido capaz de dejar de pensar en ella. Ahí estabas, besándote con quien ninguno de mis besos fue capaz de hacerte olvidar.
Agacho la cabeza, no quiero seguir siendo testigo de la escena, continúo avanzando hacia mi destino. Nunca había pensado en lo doloroso que puede llegar a sre ir a descambiar un libro.

lunes, 8 de noviembre de 2010

Caramelo y nata

Aparcas frente a mi portal, paras el motor y la luz de cortesía se enciende. La calle está vacía, las luces de las viviendas encendidas, pero nadie observa la escena. La música de la radio suena muy bajita, pero aún así, la apagas. - Me lo he pasado muy bien, gracias por traerme - te digo mientras juego con el llavero, - de nada, ha sido un placer. Esto hay que repetirlo - me dices buscando un cruce de miradas. Me río, con una risa algo estúpida, - si... - Por dentro estoy temblando y no se como disimular.
Me acerco para darte dos besos, y cuando voy a girar la cara, para darte el segundo, me besas. Me pilla por sorpresa pero aún así cierro los ojos y disfruto del momento que llevaba esperando toda la tarde. - Me voy, son más de y media... - Te sonrío, agarro el tirador, me dispongo a salir pero me giro y te beso de nuevo, para asegurarme de que no es un sueño. Me muerdo el labio inferior y, ahora sí, abro la puesta y salgo del coche. Camino hacia mi portal y cuando meto la llave en la cerradura me giro, te veo sonriendo, me guiñas un ojo y con tu mano derecha, que está apoyada en el volante, me dices adiós. Entro en el portal, cierro la puerta tras de mi, ves como se enciende la luz de la escalera. Cierras los ojos, te ríes sola, das marcha atrás y coges el móvil.
Algo vibra en el bolsillo de mi pantalón, un mensaje: Dulces sueños princesa.