Era de noche, tenía frío y la luz de la Luna entraba por las rendijas de la persiana a medio bajar de tu cuarto. La puerta, al igual que la ventana, estaba cerrada. Un silencio ensordecedor inundaba toda la habitación, roto solamente por tu respiración, acompasada y rítmica. Te miro y estás dormida, pareces tener un sueño agradable porque tus labios pintan una sutil sonrisa en tu cara.
Observo tus facciones de un modo furtivo al igual que la luz se cuela en nuestro paraíso. Si te beso estoy segura de que te despertarás y dormida aún eres más bella. Decido darte un beso en el lado izquierdo de la frente, pues es el más cercano a mí; no se si te das cuenta de la caricia pero has vuelto a sonreír. Rodeo con mi brazo tu cintura y apoyo mi cabeza en tu pecho, escucho el latir de tu corazón. Cierro los ojos, noto el calor que desprende tu cuerpo, es tan agradable. Es como esa sensación en invierno, al llegar a casa de la calle, donde hace frío, y sentir ese calor hogareño tan reconfortante. Sin abrir los ojos diferencio tu olor, ese olor tan único que sería capaz de reconocer en cualquier lugar del mundo. Abro los ojos y te beso, no puedo resistir la tentación. Por suerte no te despiertas y a tu lado viajo a mi mundo de fantasía que al despertar no tendré que abandonar porque tú, estarás junto a mí.