Siempre nos quedará... escribir, París era demasiado caro.
viernes, 18 de febrero de 2011
El precio de la infidelidad
- ¡Mirame! Dijo de forma violenta -¡¿Cuántas veces tengo que repetirlo?! - Mi gesto hierático e inexpresivo reflejaba mi indiferencia. Tenía la cabeza girada, no quería ver sus ojos enjugados en lágrimas. - ¡Mírame! Por favor... - Cogió mi mano entre las suyas que temblaban al tener los sentimientos a flor de piel. - Por favor... - Dijo con la voz entrecortada en un esfuerzo sobrehumano para evitar que su aliento se extinguiese entre un mar de llanto. Cerró los ojos resignándose a mi silencio. Una lágrima resbaló por su mejilla, pasó rozando la comisura de sus labios y se lanzó al vació desde el precipicio de su barbilla impactando contra mi mano que ella seguía sujetando. La miré, vi como con los ojos cerrados apretaba los labios para asfixiar los alaridos que su cuerpo necesitaba proferir. - Lo siento, lo siento... - Susurraba mientras con besos cortos y lentos acariciaba mi mano. Tragué saliva, me mojé los labios. - Yo si que lo siento... Siento que todo esto tenga que terminar así. Adiós - Me levanté del sofá. Sus manos dejaron escapar la mía. Cogí mi móvil y las llaves de la mesita de cristal y me dirigí a la puerta. Tan sólo había dado dos pasos cuando noté que, tirada en el suelo, se agarraba a mi pierna izquierda - No hagas esto; levántate por favor... - Negó con la cabeza mientras sus lágrimas pintaban su cara de negro. Tiré de la pierna. Ella se quedó en el suelo, acurrucada, llorando, tirándose del pelo y gritando de dolor. Abrí la puerta y cerré, dando un portazo. Saliendo del portal aún podía escuchar sus lamentos.
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