Estabas apoyada en el radiador, calentándote las piernas y mirando por la ventana. Cientos de miles de gotas impactaban contra el cristal. El árbol, que está frente a nuestra casa, se agitaba violentamente a causa del impetuoso viento. Las persianas del salón golpeaban contra las ventanas produciendo un sonido estremecedor, parecía que en cualquier momento iban a salir volando. El cielo gris prometía tormenta para rato. Me acerqué a ti y con mis brazos rodeé tu cintura. Apoyé mi cabeza en tu hombro derecho, giraste la cabeza y besaste mi mejilla. Miré por la ventana contemplando la violencia de la tormenta. Entonces, un trueno rompió el rítmico sonido de las gotas chocando contra el cristal. Al producirse de imprevisto, te estremeciste y me agarraste los brazos, que aún rodeaban tu cuerpo. Al instante, un relámpago iluminó la estancia por completo. La tormenta cobraba fuerza. Los truenos y los relámpagos se sucedían cada pocos segundos. La tormenta estaba justo sobre el edificio. Te diste la vuelta, entre mi abrazo, y me miraste a los ojos. Con el dorso de tu mano acariciaste mi mejilla, giré la cabeza lentamente y besé tus dedos, finos y suaves. Tu mano descendió por mi pecho y al llegar a mi estómago tiraron de mi camiseta acercándome aún más a ti. Ni la tormenta, ni el salón, ni el ruido de las persianas...existían ya para nosotras. En la oscuridad interrumpida tus labios hallaron los míos con un beso lento y delicado. Tus labios fueron besando mi cuello hacia mi nuca hasta que terminamos abrazadas. El calor de nuestros cuerpos había empañado el cristal. Ahora llovía con menos fuerza. Un tímido rayo de sol se asomaba entre las nubes.
Te encuentro entre tus palabras...
ResponderEliminarCuando leo estas cosas siempre pienso en lo maravillosa que es la literatura, que te reporta a lugares placenteros de tu imaginación.
Siempre quedan posos de melancolía hacia la realidad.
Lo increíble es cuando la realidad supera la ficción.
la literatura no tiene limites pero la realidad si...
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