Siempre nos quedará... escribir, París era demasiado caro.

martes, 22 de marzo de 2011

Recuerdo amargo

Los pensamientos se amontonan en mi mente, donde víctimas de mi subconsciente se desbordan. Es tarde para ser lunes por la noche, pero pronto para dejarme caer en los brazos de Morfeo. Tus palabras resuenan en mi cabeza una y otra vez, como un taladro que atraviesa mi cráneo de un lado a otro. Tres días después de nuestra última cita aún trato de digerir las palabras que vomitaste aquella tarde de sábado sin ningún quiebro en la voz, sin el más mínimo vestigio de cariño. ¡Maldigo el momento en el que cambié un cine con palomitas por ir a tu casa!. Algo que cualquier otro día habría hecho gustosa me costó, ni más ni menos, que un año y medio de relación. - Lo siento... creo que esto ya no nos lleva a ninguna parte - fue lo que dijiste, tratando de justificar la decisión que tú sola habías tomado. Las palabras que salieron de tu boca, me parecieron fruto de un mal sueño, y quizá fue ese el motivo por el cual ni una sola lágrima se asomó a los espejos de mi alma. Pero hoy todo es muy distinto: tu icono gris en el messenger, tu móvil apagado, la persiana de tu cuarto bajada por completo... Mentiría si dijese que no me importa no decirte más te quieros. Mirando al techo de mi cuarto, que aún estando a oscuras veo blanco, me torturo con tu ausencia. Cierro los ojos, me mojo los labios e intentando reprimir los gemidos y los lamentos me muerdo el labio inferior hasta que el dolor me obliga a liberarlo de la presión que ejercen mis mandíbulas. A la rabia y al dolor no se le puede poner barreras; tras media hora de recuerdos termino empapando la almohada mientras sostengo el móvil en la mano con la esperanza de oír tu voz al otro lado.

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