Como un Romeo del siglo XXI que está cansado de estas nuevas fórmulas que llegan por wi - fi, por fibra óptica, o moderneces varias, he decidido ir a comprar una porción de su tarta favorita; la de esa pequeña tienda que le encanta y darle una sorpresa, una como las de antes. No me había dado cuenta de que estaba empezando a llover hasta que he visto como la bolsa marrón de ese típico papel reciclado en la que llevaba la porción de tarta se ha empezado a motear con pequeñas manchas oscuras. Evidentemente el suelo se estaba empezando a mojar, pensé en correr antes de que tanto la porción de pastel como yo misma terminásemos completamente empapadas. Entonces caí en la cuenta de que mis suelas eran de goma y resbalaban. Como pude tapé la bolsa biodegradable con mi camisa pero, todo esfuerzo por proteger la porción de pastel, resultó absurdo cuando la lluvia comenzó a caer con más intensidad. Decidí salir corriendo aún a riesgo de una más que posible caída. Había conseguido llegar a su calle. Calada hasta los huesos estaba a un semáforo en rojo de llegar a su portal. El semáforo se había puesto en verde para los peatones, me dispuse a cruzar cuando un monovolumen plateado se saltó el semáforo e hizo que la balsa de agua que se acumulaba en el borde de la carretera me empapara por completo. Con mi mano izquierda me limpié el agua de la cara como pude. Tiritando crucé el paso de peatones. Vi la luz de su portal encendida y como alguien salía por la puerta. Me quedé mirándola, ella no me había visto, - ¿dónde vas sin paraguas con la que está cayendo? - dije sonriendo como pude entre el frío que se me colaba por los huesos. Se giró al reconocer mi voz. Se empezó a reír, la verdad es que la pinta de perrillo mojado que debía tener no sería para menos. - Me he quedado sin tabaco. ¿Y tú? ¿Qué te ha pasado? - Dijo intentando disimular la risa; - te traía una sorpresa... - dije descubriendo la bolsa de papel de debajo de mi camisa - ...pero parece que no ha sido una buena idea -. Nos quedamos en el tejadillo del portal de su casa mientras sacaba la porción de tarta. Increíblemente el dulce había sobrevivido. Me regaló un beso y acto seguido, con una de sus sonrisas que me vuelven loca, me dijo - creo que puedo sobrevivir sin tabaco - abrió la puerta del portal y subimos a su casa donde anidamos aquella noche.
Las sorpresas siempre son mágicas ;)
ResponderEliminarAunque no salgan como espera quien la hace, simplemente el hecho de que alguien haya invertido su tiempo en pensar en cómo sacarle una sonrisa a esa persona especial es algo como tú bien dices, mágico :)
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