Éramos,
de vez en cuando,
sábanas vacías
y noches en vela.
Otras,
en cambio,
eramos abrigo
y la envidia de un Madrid
vacío.
Detalles que ni quieren,
ni saben
comprender o apreciar.
Que el mundo
está hecho para valientes
y tú aún tienes
asignaturas pendientes.
No con los libros
o conmigo,
sino con el espejo
que te mira de frente
y te mueve a su antojo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario