Éramos trocitos de primavera,
acurrucadas,
dentro de una habitación hermética.
Fuera, frío,
que helaba hasta las venas.
Te contemplo desnuda,
desierta y jodidamente perfecta.
Geometría incandescente
que dilata mis pupilas,
que me hierve la sangre
y me moja la entrepierna.
Amanece,
cuando el mundo se cae a trozos.
Pero tú estás en mi cama
y lo de ahí fuera importa poco.
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