Siempre nos quedará... escribir, París era demasiado caro.

jueves, 30 de diciembre de 2010

Sopresa bajo tierra - Parte 1

El vagón está atestado, obviamente voy de pie. Más de cinco paradas aplastada contra el cristal de una puerta después de haber dejado a una señora mayor sentarse en Avenida de América. A pesar del calor asfixiante y del aroma tan peculiar del metro llevo la música puesta y voy bien de tiempo. Bilbao, las puertas se abren y la gente sale en avalancha - al fin un poco de espacio -. Me giro con intención de contemplar las vías pero otro metro está parado en el andén con destino a Pinar de Chamartín. De nuevo me disponía a mirar al fluorescente dubitativo situado en el techo, junto al plano de la línea seis, cuando me di cuenta de que alguien me observa desde las puertas del otro convoy. Nos miramos a los ojos, diciéndolo todo pero sin necesidad de decir nada. No sé su nombre, ni dónde va, ni cuál es su grupo favorito, ni de qué sabor le gusta la mermelada... pero no necesito saberlo. Pego mi mano al cristal y sonrío. Ella duda un momento, pero también coloca su mano en el cristal. Entonces, de repente, tanto mi tren como el suyo se ponen en marcha. El metro va cogiendo velocidad y lo que antes eran unos ojos verdes y una sonrisa pícara, ahora es una pared negra que a través del cristal me devuelve mi propio reflejo. Siento que he perdido a alguien realmente importante en mi vida, aunque solo la haya visto durante treinta y cinco segundos. Mi mano desciende por el cristal hasta golpear contra mi pierna derecha. - Próxima estación San Bernardo, correspondencia con: línea 2. Atención: Estación en curva. Al salir tengan cuidado para no introducir el pie entre coche y andén -. Dudando si lo que he vivido ha sido realidad o producto de mi imaginación cojo mi mochila; es mi estación.

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