Siempre nos quedará... escribir, París era demasiado caro.

jueves, 29 de marzo de 2012

Dejarme caer de espaldaS

Abrí los ojos y perdí mi mirada entre las ramas de aquel árbol que nos daba sombra esa tarde. Mi mano izquierda se enredaba en tu pelo, con el que jugaba de forma inconsciente. Mi mano derecha, entrelazada con la tuya ya poyada en tu tripa, subía y bajaba al ritmo de tu respiración. Mi mano cesó de acariciar tu pelo y extrañada giraste la cabeza para mirarme. Al verme con la mirada perdida entre las ramas de aquel roble te levantaste y te sentaste a horcajadas sobre mi cadera. Tu pelo caía con gracia a uno de los lados de tu cuello mientras me mirabas. Mis ojos escrutaban cada centímetro de tu rostro. Acariciaste mi mejilla con tu mano derecha, ladee ligeramente mi cabeza para besar la palma de tu mano. Tu pulgar rozó mi labio inferior, besé tu dedo mientras tu mano se dejaba caer por mi barbilla, acariciaba mi cuello y descendía por mi camiseta. - Prométeme algo... - te dije incorporándome ligeramente, despegando mi espalda del suelo y quedándome apoyada con mis antebrazos en la hierba. Me miraste invitándome a que siguiera hablando. - ...prométeme que vas a ser feliz siempre - te dije con un tono serio. Me mirabas a los ojos, te fijabas en el brillo que tenían y en ese color miel que adquirían con la luz del atardecer. Sonreíste y me besaste fugazmente. Tus manos se enredaron en mi pelo y dijiste sin dejar de sonreír - Prometo hacerte feliz siempre porque esa es la razón de mi felicidad - justo al terminar la frase te mordiste el labio inferior. Te sonreí, rodee tu cintura con mis brazos y me apoyé en tu pecho dejando que me protegieras, sabiéndome tuya.

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