Abrí los ojos en medio de la noche y te vi allí, mirándome. La luz blanca de La Luna iluminaba tus pupilas y tus labios que, ahora, dibujaban una maravillosa sonrisa. - ¿Qué haces despierta mi amor? - Acerté a pronunciar en un susurro mientras intentaba disimular un ligero bostezo y una lágrima involuntaria caía de mi ojo izquierdo. Tu índice se posó sobre mi nariz y se dejó caer hasta mis labios donde vio recompensada su caricia con un beso de media noche. - ¿Sabes que dormida pareces hasta buena? - Terminas la frase mordiéndote el labio inferior, diciéndolo todo, dándome mi entrada en escena porque sabes cual va a ser mi respuesta. - Aaa, ¿sí? - Digo de una forma exagerada y claramente cómplice. Cierras los ojos y te ríes porque adoras picarme. Antes de que te quieras dar cuenta estoy encima de ti, mis piernas te sujetan mientras mis manos recorren tu cuerpo intentando encontrar esas cosquillas que afirmas no tener. Las dos reímos. Después del forcejeo la habitación queda en silencio y sólo nuestras respiraciones aceleradas se hacen eco en el silencio. Aflojo la presión de mis manos que mantenían cautivas tus muñecas. Tus manos, ahora liberadas, tiran de mi camiseta y me acercan a ti. Nuestros labios se buscan en esa semioscuridad y se encuentran porque conocen el camino de memoria. Libero tu cuerpo del peso del mío, me tumbo a tu lado y rodeo tu cintura con mi brazo. - Buenas noches cariño - la última palabra se pierde entre mis labios y tu piel.
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