Siempre nos quedará... escribir, París era demasiado caro.

lunes, 27 de febrero de 2012

Te voy a morder un pie

Cada tarde pasaba por delante de aquella pastelería y veía en su escaparate cientos de bombones, de dulces, de pasteles... y una larga lista de etcéteras a cual más apetecible. Aquella tarde, después de haberse quedado con la mirada perdida frente al escaparate, decidió que hoy era el día en el que entraría en la pastelería. Empujó la puerta y, mientras pasaba a través de ella, escuchó aquel tintineo metálico producido por el badajo de la campana que había oído las tardes en las que eran otros quienes entraban y salían. Se acercó al mostrador. La chica que atendía, y que la veía pararse cada día delante del escaparate, le dijo - ¡vaya! Veo que al final te has decido a entrar -, - sí, hoy es el día - respondió sonriendo. Nada de chocolate negro. Pidió que se los envolvieran para regalo. Salió de la pastelería decidida y satisfecha por su compra. Hoy no imaginaría su mirada en el reflejo de un escaparate con fondo de chocolate, hoy la miraría a los ojos y la volvería a enamorar. Aquellos bombones con forma de pie eran su pasaporte para dibujar la curva más hermosa de todo su cuerpo: su sonrisa.

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