Te desvelaste, tenías frío. Te extrañó no verme durmiendo al otro lado de la cama. Te levantaste y frotaste tus brazos, en un vago intento por recuperar algo de calor corporal. Saliste al pasillo y viste un haz de luz que salía por la parte inferior de la puerta del baño. Despacio te acercaste, pero no oías nada. Con los nudillos golpeaste un par de veces la puerta para advertirme de tu presencia. Abriste la puerta y me viste sentada en el suelo con un montón de clínex usados a mi alrededor. - Mi vida, ¿qué pasa? - Dijiste mientras te acercabas y te agachabas frente a mí. Levanté la cara y viste mis ojos hinchados y rojos, las lágrimas descendían como torrentes por mis mejillas. Con tu mano intentaste secarme las lágrimas pero aparté la cara. - Te he engañado, te he engañado con otra... - alcancé a decir entre sollozos. Lo dije mirando al suelo porque se me nota demasiado cuando miento. Te quedaste en shock, no podías creer lo que estabas oyendo. - No lo estás diciendo en serio... - dijiste con los ojos ya acuosos y la voz quebrada, poblada de miedo. Te miré a los ojos para que no te quedasen dudas, entre mis lágrimas era imposible ver más allá. No podía continuar reteniéndote contra tu voluntad. Tu querías terminar con esto pero no era tan fácil, y yo era incapaz de aceptar un final pero era consciente de que nunca me perdonarías una infidelidad. Sólo tenía que decir una mentira que sonase a verdad.
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