Siempre nos quedará... escribir, París era demasiado caro.

lunes, 27 de febrero de 2012

Besos con ©

Aquella noche, tan atípicamete veraniega, la ventana de su cuarto estaba cerrada. Una oscuridad casi total inundaba cada rincón de la habitación. A penas se podían apreciar los ruidos provenientes de la calle; sólo su propia respiración, lenta y profunda, alteraba el sordo silencio que la estaba volviendo loca. Tenía la mirada perdida en algún punto impreciso de aquel firmamento, con estrellas ausentes, que se podía apreciar a través de aquel cristal traslúcido, lleno de marcas de haber escrito sobre él en las ocasiones que se había empañado. Giró levemente la cabeza y miró al techo, inspiró profundamente mientras cerraba los ojos, en un vago intento por contener las lágrimas que afloraban a los espejos de su alma. Apretó los labios para ahogar su propio lamento. Le temblaba la barbilla cuando las lágrimas dibujaron senderos acuosos por su rostro. Cada nueva lágrima parecía quemarle la piel. Intentó secarlas con el dorso de su mano pero cada vez fluían con más fuerza. Hasta que finalmente se dio por vencida y dejó que sus incisivos dejasen su marca en la piel del dorso de su mano. Sus mandíbulas cesaron de ejercer presión y sus lágrimas dejaron de impactar contra su almohada cuando sus labios, en contacto con su piel, viajaron en el tiempo y, por unas décimas de segundo, volvieron a aquella noche de verano.

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