Siempre nos quedará... escribir, París era demasiado caro.

lunes, 23 de abril de 2012

Destino

       Tumbada en la toalla, intentando huir de la arena, dejando que el sol impregne mi piel me pierdo entre las hojas de un libro que, ahora, veo oscuras a través de los cristales tintados de mis gafas de sol. Como sonido ambiente el ruido de las olas, que iban y venían. No había mucha gente para ser un sábado por la tarde, se notaba que aún era pronto para la ola de turistas que inundaban la ciudad en la temporada estival. De repente mi tarde de lectura se vio interrumpida por una voz infantil que se dirigía a mí a escasos centímetros - hola - me dijo de forma alegre una niña rubia de aproximadamente unos seis años. Me giré, me quité las gafas y la sonreí mientras le respondía con otro "hola". La pequeña me miraba fijándose en todos los detalles. De repente, tras una breve pausa, habló de nuevo - ¿cómo te llamas? - Yo reí y me fijé en su camiseta, la cual llevaba estampada lo que aparentemente podría interpretarse como su nombre. Respondí a su pregunta con otra pregunta - ¿es tu nombre? - La niña miró su camiseta y gesticuló afirmativamente con la cabeza. - Entonces somos tocayas. Nos llamamos igual -. Se limitó a sonreír. Caí en la cuenta de que la niña era demasiado pequeña y que no había ningún adulto con ella - Oye, ¿estás... - mi frase quedó amortiguada por la voz de una mujer que se acercó a la niña y la reprendió cariñosamente. Esa voz me era tan familiar, pero no podía ser. Ya había dado mi búsqueda casi por perdida. Alcé mi cabeza para esclarecer mis dudas y entonces la vi, sin lugar a dudas era ella. Cuando terminó de hablar, con la que sin lugar a dudas era su hija, se dirigió a mi con intención de disculparse por el atrevimiento de la pequeña pero su cara de asombro lo dijo todo cuando me vio. Me levanté despacio y cuando estuve de pie, mirándola a los ojos, me preguntó que qué hacía allí. Mi respuesta fue clara, había imaginado este momento durante diez años - Estoy aquí porque una vez alguien me dijo que luchara por aquello que me hacía feliz pero... - Miré a mi tocaya que ahora corría hacia otra niña, algo menor que ella, y se ponía a jugar con la arena. - ...ya veo que llego tarde -. Dirigí mi mirada hacia mi interlocutora con un gesto de resignación. Ella sonrió y en ese momento pensé que se burlaba de mí; entonces entrelazó su mano izquierda con mi mano derecha, acercó el dorso de mi mano a sus labios y besó mi piel. Me fijé en que no llevaba alianza, tan si quiera la marca de haberla llevado en algún momento. Al separar sus labios de mi mano dijo - llegas justo a tiempo -.

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