Noche cerrada y mis ojos se perdían entre un montón de hojas con tachones y dibujos en sus márgenes. En mis oídos se sucedían instrumentales que trataban de ahogar al silencio que reinaba en el estudio de la buhardilla. No encontraba la inspiración y era tarde, demasiado tarde, o eso me parecía a mí. Esta manía mía de no tener relojes porque el tiempo no debería medirse me empieza a resultar absurda. Dejo las gafas en la mesa, me pican los ojos y los cierro en un intento por reconfortarlos. Me paso la mano derecha por el pelo y dejo que mis dedos se enreden entre mis rizos mientras mi mirada se pierde en el brillo que el flexo de la mesa proyecta sobre los folios. Veo como alguien deja mi taza en la mesa. Me quito los cascos y la escucho decir, mientras me rodea el cuello desde atrás, - le traigo un Cola - Cao calentito a mi artista favorita - su última palabra queda prisionera entre mi cuello y sus labios. - Entonces te has confundido, llévate la taza que yo de artista, hoy, tengo poco - dije señalando los papeles garabateados. Me iba a dar la vuelta para rodear su cintura con mis brazos pero cuando estaba girando sobre la silla con mi brazo derecho golpeé la taza y su contenido se vertió sobre las pocas ideas que había escrito esa noche.
Y allí estábamos las dos, secador en mano, en el suelo del baño intentando secar esos trozos de papel que ya no alcanzaban ni la categoría de hojas. Entonces, entre todos esos garabatos de esas hojas manchadas, lo vi claro - ¿sabes qué? Déjalo. Nunca un Cola - Cao fue tan revelador -. Cogí todos los papeles con color envejecido y textura rugosa, que ahora cubrían el suelo del baño, y los hice pedazos. Saqué un rotulador del bolsillo de mi pantalón, que se encontraba tirado encima del cesto de la ropa sucia junto con su camiseta; manchadas, ambas prendas, por las salpicaduras de leche y chocolate. Me acerqué hasta quedar a escasos centímetros de ella, le quité la tapa al rotulador con la boca y comencé a escribir en su piel. Ella me miraba sorprendida al sentirse lienzo de ideas reveladoras. - Avísame antes de ducharte mañana - concluí mi obra dejando, como firma, la impronta de mis labios en los suyos.
"su última palabra queda prisionera entre mi cuello y sus labios". Perfecta :)
ResponderEliminarGracias :) Esas frases que encierran, en sí mismas, mucho más que unas palabras.
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