Mirarte a los ojos y sentirte entre mis piernas, gritar en silencio mientras dejo que tu pelo se pierda entre mis dedos. Besar tu frente y dejar que tus dientes muerdan la piel de mi cuello, que tu lengua recorra mi tráquea hasta alcanzar mis labios que, deseosos del contacto con los tuyos, se precipitan a esa mezcla de tabaco, alcohol y menta. Con los ojos cerrados, sentir como mi labio inferior queda prisionero entre tus mandíbulas, rozar la línea que separa el dolor y el placer. Liberarlo e intentar besarme. Mirar tus labios y huir de ellos para provocarte más. Me agarras con fuerza, me dominas, soy consciente de la pérdida de control. Nuestros labios se encuentran con ímpetu, nuestras lenguas se buscan mutuamente en un beso que amenaza con absorbernos. Me sujetas por la nuca y enredo mis dedos entre tu pelo para sentirnos con más fuerza, más adentro. Nuestras lenguas bailan entre nuestras bocas en una danza perfecta, conocen los pasos sin necesidad de haber sido nunca antes pareja de baile. Noto tu calor, tu sabor, impregnando cada una de las papilas gustativas de mi músculo. Nuestras respiraciones aceleradas. Nuestros labios se separan y se regalan un beso para firmar la obra maestra. Dejar que mi cuerpo se afloje y mis manos desciendan por tu nuca, al tiempo que las tuyas descienden por mi espalda, y acto seguido enterrarme entre tu hombro mientras te respiro y dejo que tu olor me embriague como el mejor alcohol.
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