Siempre nos quedará... escribir, París era demasiado caro.

jueves, 26 de julio de 2012

Higrometría

           Tumbadas en mi cama te muerdo la oreja. Con la ventana abierta de par en par y una oscuridad casi total dejo que tu olor se pegue a mi ropa y a mi piel. Nuestros cuerpos jugaban a encontrarse en la oscuridad y a recorrerse como otras tantas veces. Antes de darnos cuenta los relámpagos y los truenos pusieron melodía y luz a nuestra noche. Miradas altivas a la ventana. Tu olor, el mío y el de la tierra mojada. Humedad. Empezamos a oír como las primeras gotas impactan contra el suelo y contra todo lo que encuentran a su paso. El aire comienza a arreciar y a agitar los árboles de la calle. La tormenta va cobrando fuerza y nuestro ritmo con ella. Explotamos a la vez. Pasión desatada y naturaleza desbordada. La lluvia cae de forma espectacular, de forma violenta, las gotas que chocan contra el poyete de la ventana lo hacen con tanta fuera que nos salpican. Nos dejamos a la naturaleza, a nuestras fieras. Parece que las gotas se evaporan al entrar en contacto con nuestra piel. Nuestras respiraciones se agitan al mismo tiempo que la tormenta continúa cobrando intensidad. El viento cambia y el agua se cuela por la ventana. Nos empapa, más. La tormenta alcanza su cenit, y nosotras subimos a lo más alto donde nuestras voces se confunden con sus gemidos y viceversa.

No hay comentarios:

Publicar un comentario