Tumbada en la toalla la miraba de reojo. Estaba tumbada boca abajo, ¿dormía? Comencé a acariciar su brazo derecho, que era el más próximo a mí, pero pronto mis labios sintieron celos de mis dedos y decidieron precipitarse a su dermis. Después de dos besos mis dientes se sintieron tentados y mordieron su hombro, ejerciendo presión, no más que otras veces pero sin lugar a dudas era una provocación, una declaración de intenciones. "Auhh" dijiste despacio girando la cabeza para mirarme justo en el momento en el que mis dientes se disponían a atacar de nuevo. Te sonreí y me miraste con esa cara de venganza que tanto me gusta. Antes de que me diera cuenta me habías cogido en brazos y te dirigías al borde de la piscina. Gritaba, pataleaba, maldecía, te amenazaba jurando venganza como se te ocurriera tirarme al agua, pero mis esfuerzos fueron en vano. Me tiraste al agua sin piedad. Cuando salí a la superficie te vi volviendo a la toalla riéndote. Salí despacio. Recuperaste tu posición horizontal en la toalla, levantaste la vista y no me viste en el agua. Desconcertada miraste a tu alrededor y antes de que pudieras huir me tumbe encima de ti, empapándote. Me senté a horcajadas sobre tu espalda, te sujete las muñecas y comencé a morderte por todo el cuello. Te encontrabas a mi merced pero mi superioridad duró poco. Cuando en uno de los mordiscos apreté más de la cuenta te diste la vuelta y me dejaste debajo de ti. Notaba el peso de tu cuerpo sobre el mío, esa sensación tan exquisita de tener tu olor pegándose a mi piel. Me miraste riéndote, demostrando que puedo dominarte pero sólo mientras tú me dejes. Pero en un instante tu expresión cambia, un cariño infinito. Nos besamos. Te tumbas encima de mí, nos hacemos caricias mutuamente, mi pelo, tu oreja, disfrutando del tiempo que hoy nos es ajeno.
No hay comentarios:
Publicar un comentario