Siempre nos quedará... escribir, París era demasiado caro.

viernes, 25 de septiembre de 2015

Sacudida hípnica

             Caminaba por una escalera en un interminable descenso que parecía no tener fin. A ambos lado la más profunda oscuridad. No había barandilla a la que agarrarse por lo que bajar cada escalón suponía un desafío para el equilibrio. Notaba como me temblaban las piernas por el vértigo a pesar de que en ese espeso fondo negro no había absolutamente nada. De repente, al echar el pie derecho hacia delante para bajar un nuevo escalón, me doy cuenta de que no hay ninguna superficie donde apoyarme. Tengo la sensación de caerme pero antes de precipitarme al vacío me despierto sobresaltada y con la respiración agitada. Ahora la oscuridad era real, la que inundaba la habitación que ahora ya no se si es mía, tuya o nuestra. Pero en este caso estoy rodeada de recuerdos que pueblan las paredes y las estanterías de esa habitación que sigue siendo demasiado ecléctica para tener una única dueña. Aquí si hay barandilla; tu brazo rodea mi cuerpo y deja, como otras tantas noches, que mi mano aprese a la tuya. Cuando notas mi respiración acelerada y mi movimiento brusco al despertar repentinamente me aprietas la mano que se entrelaza con la tuya y pegas tu cuerpo aún más al mío. Lo que parecía un gesto tranquilizador resulta ser sólo el principio de un torrente de caricias y besos que saltan entre lo onírico y lo real. 

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