Siempre nos quedará... escribir, París era demasiado caro.

jueves, 3 de marzo de 2016

XLVII

Me he mordido
la lengua y las palabras,
ahogando
la voz que me murmura
el rumor de las olas.

Cada coincidencia
que sin serlo
me arroja al abismo
de recuerdos y delirios.

Que es mi delito y mi castigo
la ausencia
y vivir de lo vivido.
Marcada
con la sombra
y el secreto de un recuerdo
que muere antes de salir
por mi boca.

Aquí dentro
habita,
lejos de la tormenta,
un café con sal.

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