Somos
del verbo ser,
de ese que a veces es estar,
porque somos
allá donde estemos.
Me he vuelto a tropezar
con tu recuerdo,
con tu risa
y tu prisa
por morderme el cuello.
Con esa mirada lasciva
que me incita al juego.
Con tu pelo
entre mis dedos.
Con las ganas
y el deseo.
Que te quiero
escuchar cantando a gritos
y gritar en silencio,
con gemidos.
Que te quiero,
a secas.
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