Sentada en las escaleras de la boca de metro de Cuatro Caminos me muerdo las uñas. Me levanto, me siento de nuevo, me vuelvo a levantar, no puedo estar quieta. Saco el iPod de uno de los múltiples bolsillos de mi pantalón vaquero y lo enciendo. No se que suena, da lo mismo, tan siquiera se por que he sacado la música. Otra riada de gente sube por las escaleras, me fijo, pero no está. Miro el reloj: las siete y veinte. - Aún faltan diez minutos - me digo a mi misma para calmar el latir precipitado de mi corazón. Me siento, dejo mi mirada perdida en algún punto impreciso. Mientras, la música continúa sonando y mi mente se marcha lejos, sin avisar, tratando de imaginar que sucederá cuando llegue.
Noto una mano en mi hombro, es ella.
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