Siempre nos quedará... escribir, París era demasiado caro.

viernes, 31 de julio de 2015

Alucinación de media noche

         Hoy te he soñado tan bonito que parecías real. Durante cinco segundos he cerrado los ojos y te he visto frente a mí. Te acariciaba el pelo. Las yemas de mis dedos descendían por tu nuca. Tenías los ojos cerrados y ladeabas la cabeza hacia la izquierda con ese gesto tan gatuno. Mis dedos proseguían su camino mientras acariciaban el lóbulo de tu oreja y se recreaban en esa textura y esa forma que ejerce sobre mí una especial atracción. Te sonreía, te sonreía con el alma de unos ojos que brillaban y te hablaban entre lágrimas. Entonces abrías los ojos y te perdías en mi sonrisa. No hacía falta hablar, había tanto que decir que no hacían falta las palabras. Estabas ahí, delante de mí, te podía oler, tocar, sentir. Notaba como la piel de tu mejilla, tan suave como siempre, buscaba el contacto con la palma de mi mano. Mis dedos rozaban tu cuello sintiendo las protuberancias de cada uno de tus tendones. Cerré los ojos para disfrutar de ese momento que pensaba real pero al abrirlos lo único real eran las lágrimas que, ahora, se precipitaban hacia mis sienes. Volvía a estar entre mis cuatro paredes, sola, tumbada en una cama que también te extraña. 

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