A horas intempestivas
como mi sueño inexistente
que aparece sin llamar
y ahora está ausente.
Cinco horas me amparan
para seducir a Morfeo,
para rogar en la cama
que no llegue mañana.
Un cerebro entumecido,
amoratado,
forzado y dolorido.
El miedo a cerrar los ojos
y olvidar lo aprendido.
Dicen,
el saber no ocupa lugar,
dicen.
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