He bailado lento
con el recuerdo de tu voz
que me susurra despacito
en otra lengua.
Que me muerde
el pensarte
entre el arte y la música
que se acopla a mis oídos
sangrantes.
Se me abre el pecho
y dejo las heridas
al descubiertos,
los balazos y las suturas.
Extraño mirarte sin verte
y olerte entre tanto humo,
ojalá encontrar (me)
perdiendo un mañana y un café.
Me acechan los fantasmas
y me ladran a la puerta
de tu casa,
donde duermen locos y borrachos.
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