Siempre nos quedará... escribir, París era demasiado caro.

miércoles, 14 de diciembre de 2011

Dos y cuarto

Caminaba despacio, de vuelta a casa. Era de madrugada y el gélido viento cortaba la piel de mi cara, que se hallaba a la intemperie. Con las manos en los bolsillos de la cazadora trataba de mitigar el frío; los dientes me castañeteaban. Las luces de Navidad iluminaban mi solitario regreso y le conferían un tono cinematográfico a la escena. Al ir alejándome de las calles principales, lo hacía también de esa sobrecargada decoración luminosa. Hasta que, al llegar a mi calle, las únicas luces que quedaban eran las de las farolas. A medida que me iba acercando al portal logré distinguir, entre la oscuridad y la neblina que empezaba a bajar, la figura de una mujer que, con gesto de pocos amigos, sostenía unos tacones en su mano derecha y hacía ímprobos refuerzos por abrigarse con la fina chaqueta que llevaba. Al llegar frente a ella sonreí con malicia. - ¿Qué haces fuera? - Pregunté imaginándome el motivo. - Me he dejado las llaves en casa - dijo de un modo brusco y distante. En ese momento yo acaricié las llaves que aún permanecían en mi bolsillo. La sensación de poder me sedujo. - ¿Y esperas que te abra no? - No esperé a escuchar su respuesta. - Después de que he tenido que esperar más de veinte minutos al autobús, pasando frío; y que luego he tenido que venir andando desde donde me ha dejado, pasando aún más frío, mientras tu venías en el coche... ¿Pretendes que te abra la puerta? -. Me miraste como perdonándome la vida y advirtiéndome, sin necesidad de decir nada, de las graves consecuencias que acarrearía dejarte aquí fuera. Yo no quería ceder, la culpa había sido tanto tuya como mía, pero finalmente decidía dejar al orgullo en la calle, pasando frío. Saqué las llaves del bolsillo y abrí la puerta. Te invité a entrar y cuando pasaste justo por delante de mi me golpeaste cariñosamente con los zapatos en el brazo. - Esto porque siempre lo haces todo tarde y porque eres una dramática - dijiste mirándome a los ojos. - Y esto... -, te acercaste a mí y me besaste (tenías los labios helados), - ...porque me encantas cuando me demuestras tu carácter -.

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