Siempre nos quedará... escribir, París era demasiado caro.

jueves, 8 de diciembre de 2011

Ya te echo de menos

En la cocina mirabas nuestra foto en los acantilados de A Coruña, esa que está cogida con un imán de pinza de la ropa en la nevera. Estáticas y eternamente abrazadas con nuestras narices rojas; yo con mi gorrito gris y tú con esa bufanda color crema a la que me dediqué a hacer trencitas con sus flecos durante todo ese viaje. Justo cuando mirabas esa fotografía tus labios se sintieron deseosos de un contacto cálido. Mi cuerpo, y por consiguiente mis labios, viajan desde hace dos horas por el cielo de Europa. En tu mano la taza de café a la que miras resignada pues en esta mañana será su calor el único que calmará el deseo de tus labios. Te acercas a la taza para tomarte ese café pero antes lo hueles, es lo que yo hago cuando te preparo café. Antes de dártelo me deleito con su olor para luego reconocerlo en el sabor de tus besos de desayuno. Cuando el líquido ligeramente amargo se acerca a tus labios ya está frío, llevas demasiado tiempo con la mirada perdida en un verano pasado y con la mente absorta en un vuelo sin escalas.

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