Hoy es un día como otro como otro cualquiera, como otro cualquiera que me despierto pensando en ti. Que he soñado contigo y me he despertado con una sonrisa en la cara. Pero hoy al abrir los ojos te he visto justo a mí lado. Te he escuchado respirar y he notado el calor de tu cuerpo. He visto como el edredón subía y bajaba acompañando a tu respiración. Entonces me he dado cuenta de que te estaba abrazando, he pasado toda la noche pegada a ti. Tu cuerpo contra el mío o el mío contra el tuyo, con el único propósito de sentir nuestros latidos. Te respiro, creo que tu olor cada día me vuelve más loca. Me doy la vuelta y veo el suelo empapelado con goterones de pintura y las paredes a medio pintar. Con cuidado me destapo y me siento en el borde de la cama. Giro un poco la cabeza y te miro de reojo, sigues dormida. Me levanto y cojo mis vaqueros que están tirados por el suelo. Están llenos de salpicones de pintura; la silueta de unas manos blancas en los bolsillos traseros de mi pantalón delatan las dimensiones que alcanzó ayer nuestra particular batalla.
Antes de salir de la habitación te vuelvo a mirar desde la puerta. Te has dado la vuelta y observo como un mechón de tu flequillo ha quedado a merced de tu respiración. Me tienta ir a besarte y quedarme hasta que me duela el cuerpo acurrucada junto a ti. Venzo a la tentación y te sonrío, aunque no me puedas ver, desde el cerco de la puerta. Descalza aprecio la textura del papel de embalar que cubre el suelo y las gotas de pintura que están adheridas a él. Sorteando cajas con palabras escritas con permanente negro llego a la cocina que aún está a medio montar. De una de las cajas que están debajo de la encimera saco dos tazas y el Cola - cao, que no sé muy bien por qué sigue ahí metido si la despensa la montamos ayer. Abro la nevera y saco la leche. Preparo dos Cola - caos calentitos a ver si consigo mitigar la ausencia de calefacción. Con las tazas en la mano me pierdo por el laberinto de cajas hasta llegar de nuevo a la habitación. Tienes los ojos medio abiertos y te muerdes el labio inferior al verme aparecer con el desayuno.
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