Siempre nos quedará... escribir, París era demasiado caro.

miércoles, 28 de diciembre de 2011

Todo lo que no nos dijimos

- Las dos sabemos que esto no funciona, que hace tiempo que no somos las mismas. Han sido unos años maravillosos. Hemos pasado momentos únicos pero... - su frase quedó en el aire. - ...falta algo, ¿no? - completé. - Las dos lo sabemos - hizo una breve pausa - pero, ¿entiendes lo qué te quiero decir no? - asentí con leve gesto afirmativo. Se levantó y dirigió al pasillo distribuidor. Solté la carpeta de los proyectos encima de la mesita del comedor. Acababa de llegar, sólo me había dado tiempo a acceder a su petición de sentarnos en el sofá y a escucharla. Apareció de nuevo en el salón con una maleta y el abrigo puesto. Me puse de pie y me acerqué a ella. - ¿Eso es todo? - pregunté, no sólo por el escueto equipaje. - Parece que sí - dijo abrochándose el último botón del abrigo. Se dio media vuelta y se acercó al recibidor, me adelanté y le abrí la puerta. No dije nada, quería pedirle que no se marchara, decirla que la amaba por encima de todo, que aún era mi musa, pero no dije nada. La vi atravesar el umbral de la puerta, llamar al ascensor y esperar paciente a que llegara. Entró en él, cerró la puerta sin volver la vista.

Nada más cerrar la puerta poyé mi espalda contra ella y me dejé caer al suelo mientras lloraba en el más absoluto silencio, en la más absoluta soledad. Cuando pulsó el botón del sótano cerró los ojos y una lágrima recorrió su mejilla. Hubiera deseado que la hubiera retenido, que no la hubiera dejado marchar, que no hubiera sido tan fácil. A medida que iba descendiendo por el edificio se repetía a si misma que yo estaría en el sótano cuando abriera la puerta del ascensor, para pedirle que se quedara, para decirle todo aquello que hacía tiempo que sólo decía en mis textos. Llegó al sótano, abrió la puerta y decepcionada comprobó que ahí no había nadie. Dejó que sus lágrimas se derramaran mientras llegaba al coche.

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