Siempre nos quedará... escribir, París era demasiado caro.

martes, 19 de enero de 2016

Entre agua y piel

             Me despertaba con ese enfado extraño tan propio de una siesta corta y extrañamente no estaba a mi lado siempre soy yo la que se cansa primero de dormir. Oigo un chapoteo en el agua y una música de fondo algo más lenta de lo habitual, sin guitarras sonando fuerte, ni ritmos bailables. Me pongo una camiseta y, a tientas, busco mis zapatillas de estar por casa. Abandono la empresa cuando escucho como el agua corre deprisa, como huyendo del recipiente que la contiene. Descalza me asomo al pasillo y veo como por la rendija de la puerta del baño sale vapor y una tenue luz. Llamo a la puerta con los nudillos, la música oculta mi intento de pedir permiso y abro sin que se lo espere. Se estaba terminando de enganchar la toalla alrededor del cuerpo cuando se percata de mi presencia y se gira para mirarme con una sonrisa entre pícara y de buenas tardes demasiado interesante. Me acerco, despacio, impacientando la espera. Sin cruzar una palabra dejo que mi mano aprese el punto exacto donde su toalla se engancha para anudarse y no caerse; un giro rápido de muñeca y contemplo como la toalla desciende por su cuerpo arrastrando algo de la humedad que se adhería a su cuerpo tras ese baño de agua caliente. Mi respiración se acelera. La agarro de la cintura y hago que, subida en el lavabo, su espalda arrastre la humedad del espejo mientras mi mano se pierde entre la humedad de su sexo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario