Dieciséis,
quien dice dieciséis
dice veintidós.
Te escribo
con mi estado febril
y delirante.
Como todos los poetas
que tienen un hueco
en tus estantes.
Postrada en la cama,
como una invalidada,
no he podido asomarme
a la ventana;
pero te he visto de lejos
con esos destellos
de fuego.
Te veo en el cielo azul,
con esas alas nuevas
que te quedan tan bien.
Te veo
en las cosas pequeñas,
en las que no se fija nadie.
Te veo feliz
y me haces feliz,
sin saberlo.
Gracias
por las noticias de París.
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