Vuelves sin avisar,
cuando menos me lo espero.
Entras sin llamar.
Se han llenado
mis rincones
de sal;
escuece y quema
es el precio a pagar.
Tengo llagas en la piel
de versos sin curar.
Me han salido cicatrices
de tratar de olvidar.
Te me aferras a los huesos
y esos no me los puedo quitar.
Camina vestida
con harapos y despojos,
ha venido a llevarme
a la vera de tus ojos.
Estos versos
llegan a tu orilla
provocando heridas suicidas
de esas que no se curan
y se maquillan.
Lo cierto es que
nunca te fuiste.
Nunca te dejé ir.
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