Siempre nos quedará... escribir, París era demasiado caro.

miércoles, 13 de enero de 2016

XII

Como las campanadas
pero sin el sabor dulzón
y sin que se te queden
las manos pegadas.

Esas mejor que aniden
entre mis piernas,
entre caricias mojadas,
sudor
y palabras guarras.

Hoy tengo el cuerpo
lleno de tinta
de ese rito anárquico
al que soy adicta.

Quiero que me beses
la piel
y las locuras
que con los años
escribo de forma indeleble.

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